Gargantas del Tarn – Francia

Como una serpiente, las garantas del Tarn forman un magnífico recorrido de 50 kilómetros.

Los pueblos de Sainte-Énimie y Le Rozier enmarcan la ruta por este desfiladero, famoso por sus paseos en canoa o sus castillos medievales.

El río Tarn desciende desde el Monte Lozère, al llegar al pueblo de Ispagnac se encajona en un profundo congosto que no abandona hasta Le Rozier.

El Point Sublime es un mirador de 900 metros de altura situado en el centro de la garganta y ofrece, una de las vistas más prodigiosas del río Tarn.

Desde el balcón natural se observan las rocas esculpidas del Circo des Baumes y Les Détroits, el paso más estrecho de este despeñadero.

Las garantes del Tarn se recorren en coche por la carretera panorámica D-907 y a pie por el sendero de largo recorrido GR-60.

Otra opción es alquilar un kayak o navegar a bordo de las barcas tradicionales de la región, guiadas por los bateliers. Sus embarcaciones fueron durante siglos el único medio de transporte que utilizaban los habitantes de la zona para comunicarse con el exterior.

Pero sea cual sea el transporte que elijamos, las gargantas cuentan con lugares de visita imprescindible. Uno de ellos es el pueblo de Sainte-Énimie, que destaca por su atmósfera medieval que le otorgan sus casas de piedra y calles estrechas.

¿Cómo llegar?

Por autopista desde Montpellier hasta Millau, y luego por las carreteras N9 y D907.

Hoteles Sainte Énimie

Vuelos

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¿Qué ocurre en Maubourguet?

 

Maubourguet es un pequeño pueblo de Francia, situado en los “altos pirineos”.

Tiene unos 2000 habitantes. Al entrar al pueblo parece totalmente normal, unas cuantas tiendas, bares y alguna gasolinera, hasta ahí bien.

Sorpresa, ¿alguien habla inglés? NO. ¿hay algo abierto? NO. ¿te miran de arriba a abajo? SI.

Pasamos por allí un domingo, aparte de algún bar, todo estaba cerrado. Los pocos bares que estaban abiertos no tenían nada para comer, en ninguno servían ni bocadillos ni sandwiches ni nada de nada.

En las gasolineras de autoservicio NO aceptaban tarjetas que no fueran francesas.

En el único bar que se nos ocurrió parar a tomar un café, nos tuvimos que ir sin probarlo. ¿Por qué? Porque sin más, nos encontramos rodeados de unos seis franceses, que sin permiso se sentaron en la mesa y empezaron a hablar y a hablar y a decir que no nos podíamos levantar. ¿Quién eran? Ni idea, pero no tenían ninguna buena intención.

Mi impresión de este pueblo, muy a pesar, no ha sido realmente buena.

Consejo: Si pasáis por allí, cuidadín.